Tus clientes piden desde tu tienda y el pedido te llega al WhatsApp, armado y sin errores. Tarifa fija por mes, sin comisión por venta.
El problema
No es gratis. Se paga en pedidos que no entran, en platos que salen mal y en el tiempo del que está con el celular en vez de estar en el salón.
Uno pregunta el precio, otro manda un audio, otro repite la dirección. El que escribe a las nueve y media de un viernes y no le contestás, muchas veces no vuelve a escribir.
Lo que se anota a mano se lee mal. El error lo pagás vos: en insumos, en el viaje de vuelta del cadete y en el cliente que no repite.
Al cierre no sabés cuántos pedidos entraron, ni qué se vendió más, ni cuánto fue el ticket. Quedó todo adentro de la conversación.
Están en el chat. No sabés quién te compró tres veces este mes, ni quién no vuelve desde marzo.
Tomar los pedidos a mano no cuesta cero. Cuesta, solo que no aparece en ninguna factura.
Por qué no se va a las apps
El que te escribe a las nueve y media manda el mensaje y se queda mirando la pantalla. Si en dos minutos no le contestás, ya está pidiendo en otro lado. En tu tienda no espera a nadie.


No crea una cuenta, no inventa una contraseña, no instala nada. Entra desde el link de Instagram o del QR y ya está pidiendo.
Es la primera opción del selector de hora y la que está elegida de entrada. El que tiene hambre no elige horario: aprieta enviar.
Subís los minutos de cocina en el panel y las franjas que puede elegir se recortan solas. El cliente nunca ve un número, así que nunca podés llegar tarde a un tiempo que no prometiste.
No es que tu tienda sea más rápida que vos. Es que no tiene que esperarte.
Lo que cambia para vos
No hay ningún sistema nuevo que aprender. Te llega el mismo mensaje de siempre, pero completo: qué pidió, con qué agregados, la dirección, el horario, los descuentos y el total. Ya sumado.
El mismo pedido entra al panel con su número, sin que nadie lo copie a ningún lado. El cuaderno deja de existir.
Descuentos, como los ve el cliente
Promoción, cupón o ruleta. Las tres se prenden y se apagan solas, con día, horario y vigencia. Y no se suman: el mismo pedido de $31.380 queda en $28.242 por el camino del cupón o por el de la ruleta. Nunca por los dos a la vez.



Sube al carrusel de arriba de la grilla, con la foto grande y el cartel. El cliente no tipea nada: ya está aplicada cuando lo agrega.
El código va en el carrito. Aprieta Aplicar y ve el cartel verde con lo que se ahorró, y arriba del total el precio de antes, tachado.
Aparece en el último paso, con el pedido ya armado. Gira una vez y el premio se aplica solo. Debajo del botón dice “Ahora no”.
La ruleta solo la ve el que no tiene ningún otro descuento. Por eso los tres celulares de arriba son de tres clientes distintos, no de uno.
Tu día a día
Los pedidos entran ordenados y avanzan por estados. No hay que anotar nada aparte.


Lo que ninguna app te da
Quién te compra, qué se vende, a qué hora, y cuánta gente entra y no termina comprando. Medido en tu tienda, no estimado.
Números de ejemplo, para mostrar la forma del informe. Los tuyos los mide tu tienda.
Un producto muy visto y poco comprado no es un problema de cocina: es un problema de precio o de foto. Ese dato solo lo tenés si la tienda es tuya.
Tu marca
Sin logo de intermediario arriba, sin la competencia en la grilla de al lado, sin un ranking que decide otro.
La carta del salón queda actualizada sola cuando cambiás un precio.
El costo
Tarifa fija, sin comisión por venta. El pedido número quinientos del mes te cuesta lo mismo que el primero: nada.
Pongamos que vendés $3.000.000 en el mes.
Los $200.000 se reparten entre todos los pedidos del mes: cuantos más entren, más barato sale cada uno. Con comisión no pasa — ahí cada pedido te cuesta el mismo porcentaje, entren 10 o entren 600.
Los porcentajes son un ejemplo para poder hacer la cuenta, no un dato de mercado. Cada plataforma, cada plan y cada acuerdo son distintos: usá el tuyo, que figura en tu liquidación.
La cuenta vale para los pedidos que ya son tuyos — el cliente que repite, el que llega de Instagram, el del QR de la mesa. Las apps además te traen clientes nuevos y te ponen el cadete: eso se paga aparte y esto no lo reemplaza.
La cuenta
Cambiá los números por los de este mes. Es la única cuenta que te va a convencer.
El cliente ya sabe pedir por WhatsApp. La tienda le arma el mensaje sola.
Una vez que te compró, tenés su teléfono. El próximo no pasa por ninguna app.
Podés seguir en las apps. Lo que entra por tu tienda simplemente te rinde más.
La tarifa
Te lo decimos completo ahora, para que no haya sorpresas en el mes dos.
Nada más. Si algo no está en esta columna, está incluido.
Un solo precio, sin planes, sin módulos y sin escalones por vender más.
Cómo seguimos
Nos pasás logo, catálogo con fotos, direcciones, horarios y el WhatsApp de cada sucursal. Nosotros cargamos todo y te mostramos el panel.
$200.000 por mes, por sucursal, del 1 al 10. El acuerdo es por 6 meses. El precio se ajusta por inflación según el IPC del INDEC.
El día 10 la tienda se pausa y deja de tomar pedidos. No se borra nada: queda todo guardado. Apenas entra el pago, vuelve online el mismo día.
Para dormir tranquilo
Lo que más asusta de pasar a un sistema es romper algo un viernes a las nueve de la noche. Esto está hecho para que todo se pueda deshacer.
El sistema guarda copias automáticas antes de cada cambio grande. Si algo salió mal, se vuelve atrás.
Cada actualización masiva queda como un lote. Se revierte entera con un botón, sin tocar nada más.
Te avisa lo que está mal antes de que te cueste una venta: sucursal sin WhatsApp, productos sin precio, pedidos trabados.
Si el buscador de direcciones no responde, el cliente escribe la dirección a mano y el pedido sale lo mismo. La tienda nunca queda bloqueada por un servicio de terceros.
Tres niveles de acceso: administración general, encargado de sucursal y personal. Nadie toca lo que no le corresponde.
Escribinos y te mostramos el panel funcionando con tu catálogo.